viernes, 13 de abril de 2007

Aquí que pudo ser allá


ESTAMOS a 6 de abril, pleno viernesanto (no llegan a ser las 5) y afuera todo está listo para matar al Cristo que se asome. Un sol de mediodía empeora las cosas. Mientras todos se salvan a mi se me antoja escribir. En tal contexto ensayo un prólogo:


El problema editorial en este país, en este continente, es un problema político al que sólo se puede responder políticamente, esto significa organizar la liberación de las imprentas, socializar el derecho de palabra, descolonizar la literatura, enderezar nuestros nombres, reinventar en suma el libro. Un poco a eso fue que vinimos de la nada, para ser un momento más de esta lucha de cinco siglos. Como en su momento lo fuiste tú. Antes de nacer ya Sujetoalmado tenía los ojos abiertos y protestaba su disgusto al mundo establecido. Dijimos: nosotros no estamos acá para hacer un periodiquito… Carajo la malvada intención que nos reúne es cambiar el mundo ¡abajo el capitalismo!, etc. Lo primero que sentimos fue una soledad tremenda, un silencio consensuado por los artistas e intelectuales de la comarca. Esta aversión casi unánime en contra nuestra, agazapada, indigna, comenzó a prosperar, era de adivinar… ¿entiendes? La cuestión radicaba, siempre lo sospechamos, en un problema ideológico. Aunque nuestros detractores se ufanaban apolíticos, asépticos… y más allá del más acá, la espina era esa. Que nos dejaran solos en el debate no significa que no lo hubiera. El día a día de este mundo es un conflicto, también los que creen no tener problemas ni angustias, los tienen, allende el confort... sus vidas son un problema de todos. Esa “soledad” que te digo estaba hecha de ojos cancerveros. Le echábamos la culpa a los viejos, en un comienzo nos dio por eso, ociosamente, claro. Tiramos algunas puntas en los editoriales, en fin (...)

Quizá por ello comenzamos a buscar cómplices, camaradas dirías vos. Alguien afín con nuestros propósitos metaliterarios. No podía ser posible que todo mundo acá fuera de derecha. Es cierto que esta aldea se fundó sobre la tierra escombro de ciudades aborígenes, por salvajes curas y militares santanderistas. Cierto que del terruño salieron los dictadores más crueles: Gómez, Pérez Jiménez, Carlos Andrés; pero ¿quién explica a un Cipriano Castro, un Medina Angarita o ti mismo iluminando a unos almados en la decadencia del siglo XX? El opio de los pueblos acá lo mezclan con tristeza y desesperanza. Pero nosotros no somos de “doping” fácil. Siempre y en todo lugar habrá libertarios (...)

Nacimos con los ojos abiertos, te decía ; y con la vista en buscar aliados en esta lucha contra los ricos. La poesía es una apuesta de vida, pero la vida está muerta de tristeza por culpa de los ricos. El cara-sello del poema es revolución y vida, revolución o nada. Esto te lo digo nada más para que sepas por dónde van los versos. Y en parte es la síntesis de este mensaje esotérico (...)

A nosotros nos influyó mucho la amistad con Carlos Tovar que es un izquierdista de una moral revolucionaria incuestionable… el único que asume, en esta aldea, el arte como un compromiso de lucha social y política en voz alta, sin ruborizarse. Me formé como titiritero con él y entendí más a fondo el daño que nos hicieron al enemistar el arte de la vida cotidiana, del ser social que lo sustenta. Pero Carlitos no es de acá y yo pienso que por años ha padecido demasiado este asilo. “El Táchira es jodidísimo y si no eres local la cosa se agrava” esto decía siempre, eso dice aún (...)

Te digo todo esto para que sepas cómo están las cosas. Que hay razones para hacerte un homenaje que en nada se parecen a la nostalgia legítima de los que atesoran tu presencia. Pero son razones de todos modos inmoribles como tu intento a vallejo o tu dolor humanista que late sin embargo.
Mira, Luís Hernández, de quien todo mundo opina es un conservador, y es de lo más lúcido y amable; nos puso en correspondencia con ese pasado que nosotros, a falta de raíz, estábamos buscando . Nos habló de Pio Gil, de Quintero (a quien llama, sin pudor, el Dovstoiesqui tachirense). Dio noticias del Grupo Ariete y finalmente de la Cueva Pictolírica. También se avino a profetizar, en la misma entrevista, la siguiente desgracia: “uds. van a encontrar toda la antipatía en su propia generación. Sus peores enemigos” Pienso que es un gran tipo este Luís, los historiadores podrían llegar a serlo. Y se divierte con las paradojas de la aldea y sus contradicciones políticas... anécdotas que en buena medida borran de un plumazo lo que para mí sigue siendo trágico aún (...)

Bien, aquí es donde comienza en verdad el relato. Rafael: desde que tuvimos noticias de la Cueva, siempre fueron saludables. Tampoco es que gozarán de mucha fama, pero la poca que había era buena, alentadora cuando menos para los almados insurgentes. Será la necesidad de un mito, pero uno quiere reencontrarse con su historia en idéntico afán del que nos la va borrando, tergiversando, escoñetando. De ti supimos hasta ayer, no obstante las indagaciones. Esta parte del cuento la omito para no aguar la fiesta. O mejor la resumo así: seguimos la pista a la Cueva y dimos con la gente equivocada. Tú dirás la necesidad de un héroe, pero ¿quién querría ver el luctuoso espectáculo de una rebeldía venida a menos, una inteligencia servil, una sensibilidad caduca y falsa hasta el extremo de la negación de los principios: el hombre libre... la tierra libre. Y encima el vigor nihilista, la sonrisa neoliberal-lasciva pesada indolente apropiado para un discurso de día de gracia, con los caníbales del White House. Banquete al que nunca será convidado. Decepción tremenda nuestro primer arribo a la Cueva. Ya dije: topamos con la gente equivocada, todo comienzo es errático necesariamente. Pero nunca es un comienzo lo definitivo. Las cosas cambian, los que caen al suelo y se levantan, hasta la madrugada que es una barata imitación de la noche se asolea de golpe. Nos ilumina. Se entiende la metáfora y está demás (...)

¡Pablo Mora, éste sí es de los tuyos! Éste sí le hace honor al Withman, Neruda, Vallejo, al Guerrero que quisimos. Al morir el buen Dios le dijo “no dejes de hacer tu propia estatua, Pablito ” y he aquí que erigió una pero al hombre todo; hoy que hasta los anuncios de refresco decretan la muerte de todo hombre de las ideas del hombre... de nuestros hombres. Pablo nos hizo un altar. Así nos conocimos.
De aquello transcurrieron 4 años lo mínimo. Pensamos en editar tus textos. Postergamos el asunto, yo me distraje en peleas innobles por no decir que bobas. Pablo fue recurrente, por cada año cumplíase un aniversario de esta promesa y una promesa es más que un alma en pena, que un cuerpo insomne. Siempre hablábamos de las tochadas de sujetoalmado, y de lo que pudo ser la Cueva si no te morías entonces. Ahora todo se cruza. Recibí una llamada que no estaba esperando y sucedió así: “Hola soy Rubén Darío Becerra, tengo un libro que he construido por décadas y que hace parte de un patrimonio inestimable. 40 años siendo testigo de la pintura tachirense... Continúe Soy Rubén Darío Becerra pertenecí a la cueva Pictolírica ¿Le interesa?” No porque trabajara en el Ministerio le dije que sí. Me interesaba porque era como una señal. Las palabras no son nada, Rafael, hasta que uno las necesita. Cuando nos vimos con Rubén y Pablo, qué alegría!.Karibay y yo llevamos las cámaras para grabar en el cementerio los 38 años de tu ausencia. Rubén que todavía te llora me despertó la envidia: cuánto quisiera un hombre se lo llorase siempre! Eso es vivir. Pablo que a cada rato te cita. Si en algún lugar somos invencibles es en la amistad. Es como dice la poeta América “al olvido se va como a la muerte”. (...)

Éste podría ser un otro comienzo del relato. Mas sería un relato sin mi voz y empezaría no de otro modo : Si tú eres pobre aquí que pudo ser allá... Y tu pobreza es limítrofe AH!. Porque lo primero que hicieron fue darnos los textos, las fotos, los periódicos amarillentos de paciencia, las cartas… “Ahora sí: el gran poeta, el alma de la cueva… el marxismo de la cueva... El adentro... la idea en suma”. Y aquí nosotros, ¿entiendes ?, como quien lee una carta venida de lejos, como quien posee un secreto y lo va a revelar ipsofacto (...)
Faltaría conocer mejor a Miryam. A Ulacio más allá de su pintura irreprochable. Que a ellos debemos el para siempre también.
(...)
No creo que alguien se atreva a decir que miento cuando digo: Rafael qué falta nos hiciste siempre en esta soledad sin ti.
Como no tenemos estatura eterna para la tuya entonces apelamos a todo contra el olvido. Ya no te van a silenciar por comunista, no te van a maldecir comunista ni te segregan, comunista. Tampoco te vamos a condecorar camarada. En desagravio vamos a condecorar esta jodidísima ciudad con tu fusil de versos. Uds. dirán necesidad de un primer plano, nosotros decimos: de justicia y nada más, compañeros.

He aquí, pues, el final irrevocable del relato. Final con procesión tristísima de los que van a crucificar al crucificado .Va también mi abrazo único de hoy, sin avemaría y a continuación del punto final de tu ataúd.

jueves, 5 de abril de 2007

¡El "Fin" de nuestros medios!


alzadosenalmas
ABN/07


(a propósito del caso RCTV parte II)


Uno de los tantos errores políticos cometidos por la tecnoburocracia y mediocracia puntofijista fue la subvaloración casi total de sus opuestos: los medios de comunicación alternativos, comunitarios y populares. Concebidos por la burguesía como marginales imitaciones del “show business” o inoficiosos laboratorios de la frustrada izquierda nacional, los preceptos de estas organizaciones sociales como la “ investigación-educación y comunicación liberadora”, el “diálogo de saberes” o el “empoderamiento popular de las tecnologías mínimas con fines contrahegemonicos”, se fortalecieron como experiencias sociales alternativas. No quiero negar con esto el espíritu represivo de aquella dictadura partidista. Si bien es cierto que con todas las dificultades políticas del momento, el movimiento de los medios populares se dio bajo el descuido de una gerencia cuyo poder político y simbólico preciaba invencible.

Esto no es inocente, tiene sus raíces en la concepción de los medios omnipotentes como resultado de la concentración de capital y tecnología al servicio de la cultura dominante, sin suponer que la capacidad política de la clase oprimida, en esta marcada asimetría, buscaría no sólo alternativas tecnológicas sino la redefinición del espacio comunicacional virtual en relación al espacio comunitario real. Ante una pantalla racista, eurocéntrica, hibridizante, ideologizada se propiciaría una sinergia emergente: visibilizar rostros, realidades y prácticas intersubjetivas e interculturales propias de los pueblos. Esta crítica al modelo burgués informativo, propició una nueva estética basada en la participación y el empoderamiento ciudadano de una ética comunicacional distinta, capaz de debatir con los abismos tecnocráticos. De allí que los medios populares, alternativos y comunitarios, a lo largo de su historia de aciertos y desaciertos, caminaron de la mano con una práctica social que hoy es referente: inclusión y participación protagónica.

Para sorpresa de los monopolios mediáticos es precisamente desde estas experiencias marginales donde se fortalece la renovación política del espacio mediático como espacio social incluyente y participativo. No se equivoca el Presidente Chávez al cuestionar la hegemonía de uno de los oligopolios mediáticos (caso RCTV) pues los medios comunitarios, populares y alternativos, con todas las limitaciones técnicas, insistamos en ello, derrotaron el 11 de abril, el axioma según el cual el medio es el mensaje.


El primer mito de la mediocracia, según el cual la comunicación era asunto de expertos, se vino abajo y no para erigir otros, sino para dar paso a experiencias legítimas que demuestran, con suficiente elocuencia que: todos somos comunicadores. Esto es igual a decir que es también una responsabilidad de compartida otro modelo de comunicación que se coloque al centro de la creación y el mantenimiento de lo público en el sentido constructivo, entendido como intereses, espacios e imágenes comunes, que garanticen como medio y fin una democracia culturalmente vivida, es decir: asumida como valor y práctica inagotable.