
alzadosenalmas
ABN/07
(a propósito del caso RCTV parte II)
Uno de los tantos errores políticos cometidos por la tecnoburocracia y mediocracia puntofijista fue la subvaloración casi total de sus opuestos: los medios de comunicación alternativos, comunitarios y populares. Concebidos por la burguesía como marginales imitaciones del “show business” o inoficiosos laboratorios de la frustrada izquierda nacional, los preceptos de estas organizaciones sociales como la “ investigación-educación y comunicación liberadora”, el “diálogo de saberes” o el “empoderamiento popular de las tecnologías mínimas con fines contrahegemonicos”, se fortalecieron como experiencias sociales alternativas. No quiero negar con esto el espíritu represivo de aquella dictadura partidista. Si bien es cierto que con todas las dificultades políticas del momento, el movimiento de los medios populares se dio bajo el descuido de una gerencia cuyo poder político y simbólico preciaba invencible.
Esto no es inocente, tiene sus raíces en la concepción de los medios omnipotentes como resultado de la concentración de capital y tecnología al servicio de la cultura dominante, sin suponer que la capacidad política de la clase oprimida, en esta marcada asimetría, buscaría no sólo alternativas tecnológicas sino la redefinición del espacio comunicacional virtual en relación al espacio comunitario real. Ante una pantalla racista, eurocéntrica, hibridizante, ideologizada se propiciaría una sinergia emergente: visibilizar rostros, realidades y prácticas intersubjetivas e interculturales propias de los pueblos. Esta crítica al modelo burgués informativo, propició una nueva estética basada en la participación y el empoderamiento ciudadano de una ética comunicacional distinta, capaz de debatir con los abismos tecnocráticos. De allí que los medios populares, alternativos y comunitarios, a lo largo de su historia de aciertos y desaciertos, caminaron de la mano con una práctica social que hoy es referente: inclusión y participación protagónica.
Para sorpresa de los monopolios mediáticos es precisamente desde estas experiencias marginales donde se fortalece la renovación política del espacio mediático como espacio social incluyente y participativo. No se equivoca el Presidente Chávez al cuestionar la hegemonía de uno de los oligopolios mediáticos (caso RCTV) pues los medios comunitarios, populares y alternativos, con todas las limitaciones técnicas, insistamos en ello, derrotaron el 11 de abril, el axioma según el cual el medio es el mensaje.
El primer mito de la mediocracia, según el cual la comunicación era asunto de expertos, se vino abajo y no para erigir otros, sino para dar paso a experiencias legítimas que demuestran, con suficiente elocuencia que: todos somos comunicadores. Esto es igual a decir que es también una responsabilidad de compartida otro modelo de comunicación que se coloque al centro de la creación y el mantenimiento de lo público en el sentido constructivo, entendido como intereses, espacios e imágenes comunes, que garanticen como medio y fin una democracia culturalmente vivida, es decir: asumida como valor y práctica inagotable.
ABN/07
(a propósito del caso RCTV parte II)
Uno de los tantos errores políticos cometidos por la tecnoburocracia y mediocracia puntofijista fue la subvaloración casi total de sus opuestos: los medios de comunicación alternativos, comunitarios y populares. Concebidos por la burguesía como marginales imitaciones del “show business” o inoficiosos laboratorios de la frustrada izquierda nacional, los preceptos de estas organizaciones sociales como la “ investigación-educación y comunicación liberadora”, el “diálogo de saberes” o el “empoderamiento popular de las tecnologías mínimas con fines contrahegemonicos”, se fortalecieron como experiencias sociales alternativas. No quiero negar con esto el espíritu represivo de aquella dictadura partidista. Si bien es cierto que con todas las dificultades políticas del momento, el movimiento de los medios populares se dio bajo el descuido de una gerencia cuyo poder político y simbólico preciaba invencible.
Esto no es inocente, tiene sus raíces en la concepción de los medios omnipotentes como resultado de la concentración de capital y tecnología al servicio de la cultura dominante, sin suponer que la capacidad política de la clase oprimida, en esta marcada asimetría, buscaría no sólo alternativas tecnológicas sino la redefinición del espacio comunicacional virtual en relación al espacio comunitario real. Ante una pantalla racista, eurocéntrica, hibridizante, ideologizada se propiciaría una sinergia emergente: visibilizar rostros, realidades y prácticas intersubjetivas e interculturales propias de los pueblos. Esta crítica al modelo burgués informativo, propició una nueva estética basada en la participación y el empoderamiento ciudadano de una ética comunicacional distinta, capaz de debatir con los abismos tecnocráticos. De allí que los medios populares, alternativos y comunitarios, a lo largo de su historia de aciertos y desaciertos, caminaron de la mano con una práctica social que hoy es referente: inclusión y participación protagónica.
Para sorpresa de los monopolios mediáticos es precisamente desde estas experiencias marginales donde se fortalece la renovación política del espacio mediático como espacio social incluyente y participativo. No se equivoca el Presidente Chávez al cuestionar la hegemonía de uno de los oligopolios mediáticos (caso RCTV) pues los medios comunitarios, populares y alternativos, con todas las limitaciones técnicas, insistamos en ello, derrotaron el 11 de abril, el axioma según el cual el medio es el mensaje.
El primer mito de la mediocracia, según el cual la comunicación era asunto de expertos, se vino abajo y no para erigir otros, sino para dar paso a experiencias legítimas que demuestran, con suficiente elocuencia que: todos somos comunicadores. Esto es igual a decir que es también una responsabilidad de compartida otro modelo de comunicación que se coloque al centro de la creación y el mantenimiento de lo público en el sentido constructivo, entendido como intereses, espacios e imágenes comunes, que garanticen como medio y fin una democracia culturalmente vivida, es decir: asumida como valor y práctica inagotable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario